Mark Wahlberg, actor, desenmascara la hipocresía del famoseo ecolo-jeta. Me encanta, por lo infrecuente de la denuncia. No es habitual que uno del gremio del señor Wahlberg diga las verdades del barquero, o cuánto hay de mentira en la pose activista de algunos multimillonarios del show business.
Se supo que Al Gore gasta en electricidad en su casa de Tennessee veinte veces más que el promedio de los hogares americanos, y que posee una mina de cinc que emitió 1,8 millones de kilos de residuos tóxicos a la atmósfera, entre 1998 y 2003.
Ahora, gracias al señor Wahlberg, sabemos algo más sobre la intimidad de estos actorazos del prohibicionismo contra lo ajeno; algo íntimo y personal que no encontraremos en las revistas del corazón
Por ejemplo, que Leonardo Di Caprio y George Clooney, adalides de la causa ecolo-jeta, viajan siempre en jet privado, cuando podrían ahorrarle emisiones de CO2 al Planeta desplazándose en líneas regulares.
Lo mejor, a mi juicio, de las declaraciones de este actor a Vanity Fair, es cuando dice:
“Yo no soy ningún ecologista perfecto, pero en mi casa intento hacer algunos cambios: bombillas, reciclar y ese tipo de cosas”.
También reconoce que estaría dispuesto a prescindir de algunas comodidades, aunque “no voy por el mundo proclamando la terrible situación en que vive el planeta a causa de la contaminación”.
No sólo se muestra mucho más respetuoso con la naturaleza que sus colegas, sino que expresa que para ser consecuente con una elemental mentalidad conservacionista al alcance de cualquier persona sensata, no hace falta ir de profeta, recortando la libertad y prescribiendo privaciones; siempre la libertad y las privaciones de los demás, claro. Bien por el señor Wahlberg.
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