Finkielkraut en ‘El Mundo’

31 Mayo, 2008

Entrevista con Alain Finkielkraut, en El Mundo. Su lucidez reconforta. A qué punto de opresión ha llegado la mentira, para que uno se sienta reconfortado con la contemplación del análisis honrado. Sus razonamientos están al alcance de cualquier observador de nuestra época que sienta un mínimo aprecio por la verdad; y, sin embargo, cómo consuela sentirse un poco menos solo frente a la tiranía de la corrección política. Anoto un sumario de las opiniones de un autor al que sigo desde que en 1989 leí con avaricia La derrota del pensamiento.

“No se toca la subversión en nuestra sociedad, porque la venera. Igual que nos inclinamos, nos postramos, delante de la transgresión”.

“Esa es la consecuencia más grave del 68. Los adultos se retiran para dar el poder a los niños, a los adolescentes, a los estudiantes. Olvidando el compromiso de la educación y de la transmisión de valores. El 68 sustituye la figura del hombre cultivado por la del niño mimado.He aquí el resultado de aquel movimiento y la herencia que todavía vivimos hoy”.

“Hay un gran malentendido en torno a la idea de la democracia.Y del igualitarismo, que se ha ido extendiendo como principio en todos los ámbitos de la existencia. Pero la igualdad y la democracia no tienen nada que hacer en la cultura ni en la educación. Se ha puesto en discusión la asimetría entre el profesor y el alumno. Se les ha colocado en un mismo plano. Igual sucede con la cultura. Ha desaparecido la jerarquía de los valores estéticos: tanto vale la ópera como el rap, la belleza como la trivialidad. Hannah Arendt decía que la cultura consiste en saber elegir la compañía. La compañía de un libro, de una película, de una persona. Ahora no hay lugar a la elección. Elegir es distinguirse, distinguirse es jerarquizar, jerarquizar es excluir y excluir es discriminar. Insisto: el lugar de la democracia es la política y la justicia social. Pero en otros ámbitos, como el cultural y el educativo, se imponen distintas reglas. El drama de nuestro tiempo consiste en haber convertido en derechos del hombre todas las cosas materiales y espirituales. Es así como se ha pasado de la transmisión de valores a la construcción individual del propio saber, invocando el principio del igualitarismo. El profesor autoritario se confunde con el opresor, la jerarquía, con la represión”.

“Se está perdiendo, desdibujando, la figura del padre. No porque se dedique a cambiar pañales, sino porque la familia se ha convertido en un espacio de negociación perpetua. Todo se desarrolla en un registro puramente afectivo, igualitario, pero no ya simbólico. La familia ha dejado de ser una institución para convertirse en una especie de asociación precaria”.

“Vivimos en Francia un clima detestable de competición memorial. Y me siento inquieto. Sarkozy propuso que cada escolar apadrinara la memoria de un niño muerto en el Holocausto. Puede ser una mala idea, pero las dimensiones del escándalo y de la polémica han sido preocupantes. Especialmente cuando se decía que una familia musulmana o negra podría sentirse ofendida e incómoda si sus hijos iban a ser constreñidos a custodiar la memoria de un niño judío. Resulta que la enseñanza del Holocausto relanza el antisemitismo porque los descendientes de otras religiones experimentan estos celos. No defiendo que se organicen viajes escolares a Auschwitz y abogo por la discreción, pero me inquieta esta especie de celos, derivados de la pretensión de convertir a los judíos en los reyes de todo y, por tanto, también del mal”.

“El antisemitismo es una realidad. Y no hay quien lo detenga. Su punto de fijación es Israel. Veamos. Se dice que cuando Israel firme la paz con Palestina el antisemitismo disminuirá. ¿Verosímil? No creo. En primer lugar, los palestinos no son los únicos actores de la región. Irán está al acecho. Igual que los islamistas de Egipto y Hezbolá, que tienen otra agenda y otros planes. La situación del Líbano es extremadamente inquietante. ¿Israel debe retirarse de Cisjordania? Esa no es la cuestión. Y no estamos en un periodo de paz, sino de turbulencias”.

“A fuerza de hacer concesiones, vamos a pasar de unas sociedades multirraciales a sociedades multirracistas. La xenofobia comienza a extenderse en todas las direcciones. Y crece el riesgo de la aparición de partidos populistas, muchas veces como fruto de la inacción de los partidos tradicionales. Debemos vigilar nuestros demonios, que son el antisemitismo, el racismo, el fascimo, pero no debemos por ello escondernos delante de nuestros problemas. Europa debe tener el valor de defender su identidad y su herencia cultural. Es hora de acabar con la corrección y con la visión biempensante”.

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