Barómetro CIS: unas notas incómodas

30 Mayo, 2008

Sobre el barómetro de abril del CIS, publicado esta mañana, se está transmitiendo lo habitual: estimación de voto, valoración de líderes y preocupaciones de la gente. Los hitos son conocidos, a esta hora. El PP baja en estimación de voto (37,6) y el PSOE se mantiene (43,6), comparado con el resultado de las Elecciones del 9 de marzo. El señor Rajoy suspende (4,24), aunque mejora su nota con respecto al Barómetro de marzo. Se da la paradoja, aparente, de que aumenta la desconfianza en él y mejora su nota. El señor Rodríguez Zapatero vuelve a aprobar (5,58), apreciándose ligeramente frente al estudio anterior. A los españoles les preocupa el paro, la economía, el terrorismo y la inmigración, por este orden. El clima general es de pesimismo económico. Esto es, en resumen, lo que destacarán mañana los periódicos y los noticiarios repiten a lo largo del día de hoy.

Veamos, ahora, la letra pequeña del Barómetro oficial.

1) Las entrevistas (2.459, presenciales, lo que refuerza su fiabilidad) se realizaron entre el 24 y el 30 de abril. Por aquellas fechas, la división en el PP ya era de dominio público. Esperanza Aguirre había lanzado su manifiesto “No me resigno“. Rajoy había respondido en Elche, invitando a liberales y conservadores a marcharse. El señor Zaplana dejaba la política por un puesto como embajador de Telefónica en Europa. Manuel Pizarro se negaba a aceptar las migajas que le ofrecía Soraya Sáenz de Santamaría, que lo había relegado en el reparto de portavocías del grupo parlamentario. El malestar y las escaramuzas entre diputados oficialistas y críticos estaban a la orden del día. Los medios de comunicación críticos con la Dirección del PP ya habían desplegado sus baterías en el campo de batalla.

2) ¿Obedece a este contexto el castigo al PP, como interpretarán no pocos análisis? Echemos un vistazo a la serie histórica de estimación de voto, a ver qué sacamos en claro. De entrada, el PP, con una estimación del 37,4 por ciento, no está en el punto más bajo de la serie. El PP tocó fondo, precisamente, en abril de 2004, con una estimación del 35,4 por ciento. Primera conclusión: el PP ha salido mejor parado, en los sondeos, de las Elecciones de 2008 que de las Elecciones de 2004. Se me replicará: en abril de 2004, pesaba sobre la Opinión Pública la conmoción por los ataques terroristas del 11 de marzo. Opondré: lo único que demuestra ese argumento es que, partiendo de una estimación de voto del 35,4, el PP consiguió algo más del 40 por ciento en las elecciones del pasado mes de marzo. ¿Por qué no habría de seguir la misma progresión, partiendo de un suelo más favorable, del 37,4, en los sondeos?

Se me replicará, de nuevo: la recuperación del PP se debió al apoyo de los medios de comunicación que ahora critican al señor Rajoy. Sin ellos, el milagro no se repetirá.

Sugeriré: Hummm… como no existe ningún medidor de influencias, tengo que basarme en la observación empírica para intentar comprender con algo de rigor lo que está pasando y lo que puede pasar.

Y la observación me dice, de nuevo, que, caso de ser relevantes, las presiones del presente hay que compararlas con las presiones del pasado. Si los enemigos del PP consiguieron con su campaña de manipulación tras los atentados del 11-M que el PP perdiera las elecciones y tocase fondo en los sondeos, hay que admitir que los amigos del PP son menos eficaces: no sólo no han conseguido que el señor Rajoy gane, sino que, con sus críticas y las críticas que le llueven desde dentro del PP, el señor Rajoy y el PP están hoy más fuertes en los sondeos de lo que estaban en abril de 2004.

3) Sigamos preguntando a la serie histórica, quizá nos cuente más cosas. El PP coronó cuatro cumbres del Himalaya entre abril de 2001 y enero de 2002, en el mediodía de la mayoría absoluta del señor Aznar. En los cuatro Barómetros del CIS que median entre una y otra fecha, el PP obtuvo estimaciones de voto del 43,5; 43,6; 43,5 y 43,9 por ciento, respectivamente.

La del PSOE indicada hoy mismo por el CIS es del 43,6 por ciento. Ni siquiera es la mayor de su serie histórica. De nuevo, tenemos que remontarnos a abril de 2004, con un PSOE lanzado a la cota del 45,8 por ciento de estimación de voto, a más de 10 puntos de ventaja sobre el PP. La ventaja actual es de 6 puntos.

Lo que indica la serie histórica es:

a) El PSOE está, aún, lejos de las cotas de respaldo en los sondeos alcanzadas por el PP en el apogeo de su mayoría absoluta;

b) Sin salir elegido por mayoría absoluta, el PSOE empezó su mandato en 2004 con un respaldo electoral estimado del 45,8 por ciento, para ir desinflándose suavemente hasta el 40,2 con el que llegó, en enero pasado, a las puertas de las Elecciones;

c) Así como el PP sale mejor parado en el Barómetro del CIS de lo que resultó en abril de 2004, el PSOE sale peor parado y tiene menos fuerza de arranque. Habrá que ver cómo evolucionan uno y otro, pero lo único que sabemos, a día de hoy, es que cualquier análisis (y no faltarán, en la Prensa de mañana y en las tertulias de las próximas horas) que interprete el Barómetro únicamente en clave de la crisis del PP es, a mi juicio, poco riguroso y probablemente imprudente.

4) Me ha llamado la atención el siguiente dato, que quizá no aparezca destacado en los próximos resúmenes periodísticos: un 65 por ciento no siguió el debate de investidura. El dato contrasta con las audiencias de 12 y 13 millones de personas que siguieron los dos debates de los candidatos por televisión y con la relativamente alta participación electoral del pasado 9 de marzo. ¿Qué ha pasado aquí? Una hipótesis: hartazgo, saturación de política. En los últimos cuatro años, los españoles han ido a votar nueve veces, entre Generales, Europeas, Referéndums,…. El profesor Pedro Schwartz dijo, en Contemporáneos, que la doctrina del Republicanismo Cívico abrazada por el señor Rodríguez Zapatero descansa, en gran medida, en conseguir que “estemos todo el día votando”, pendientes de la agenda colectivista marcada por el Estado y sus dirigentes. Pero eso lleva, necesariamente, a descuidar los asuntos privados y tiene un límite en situaciones de agobio económico como la que empieza a notarse en los hogares. Quizá los españoles empiecen a percibir a los políticos como un problema, antes que como una solución. Sería un buen síntoma para los liberales y una buena oportunidad para el movimiento cívico.

Creo que al PP no le conviene el liderazgo de Mariano Rajoy. Lo dije hace un año, antes de que se revelase como lo que hoy es, un dirigente político más: pragmático, autoritario, ambiguo, anti-liberal y avergonzado de los católicos. Razoné mi crítica antes y después de las Elecciones. No le voté. Por primera vez, no voté al PP y engrosé el sector de los abstencionistas, donde me siento incómodo. No había alternativa, y sigue sin haberla. UPyD no es una opción para un liberal católico. Muchos liberales quieren creer en UpyD. El Barómetro del CIS empieza a reflejar esa tendencia. El partido de Rosa Díez y Fernando Savater doblaría hoy el número de votos que obtuvo el pasado 9 de marzo (algo más de 300.000). Repasen el programa electoral de UPyD, más allá de las medidas económicas, posiblemente las más liberales del mercado electoral, y comprobarán que su liberalismo empieza y acaba ahí. Sí a Educación para la Ciudadanía, abajo los curas, un Estado jacobino que, para combatir a los nacionalismos entrometidos, se acaba metiendo él en la vida de los individuos.

El señor Rajoy es el problema, pero la solución para cambiar el paradigma cultural colectivista no está, a día de hoy, fuera del PP. El deseo legítimo de remover a un líder decepcionante sólo puede empezar por analizar con rigor los hechos.

El CIS no lo da por amortizado, por mucho que nos gustaría. Si Rajoy resiste, tiene opciones de levantar el vuelo, lo cual sería una mala noticia, porque su programa y su acción se alejarán cada vez más de los principios liberales, para hacerse simpático y conseguir que le perdonen los administradores políticos y culturales del consenso socialista. Y si renuncia antes de las Elecciones de 2012, lo cual también es posible, el rocoso suelo electoral del PP, por un lado, y el posicionamiento de la sociedad en una latitud cómodamente colectivista e ideológicamente definida como de centro-izquierda, según la escala del Barómetro CIS, hará que la agenda del PP siga siendo la misma, dirija quien dirija el partido. Y es que, en lo esencial, el señor Rajoy y su equipo aciertan en su diagnóstico: la española no es una sociedad liberal. Sería un milagro que lo fuese, después de dos siglos de libertad traicionada y perseguida. ¿Qué aprecio por la libertad y que compromiso con su causa pueden esperarse de una sociedad a la que se bombardea con la idealización de la II República como un modelo de gobierno liberal, o se la adoctrina desde la infancia en las nuevas ideologías colectivistas como el nacionalismo, el feminismo, el multiculturalismo y el eco-fascismo? El diagnóstico es correcto: si el PP quiere tener alguna opción de ganar, tiene que “cambiar al ritmo de los tiempos”, tiene que “moverse”, expresiones utilizadas por un Mariano Rajoy que, al decirlas, parece más hierático y fuera del tiempo que nunca, precisamente por eso, porque su oferta esencial se reduce hoy a asimilarse al discurso del adversario. Lo que vuelve inservibles a personas como el señor Rajoy, la señora Sáenz o el señor Arriola no es su análisis, sino el remedio que proponen. Si no quieren unirse a los focos de la sociedad que intentan persuadir sobre un paradigma cultural alternativo al consenso socialista, si en vez de escucharlos y dar junto al movimiento cívico esa batalla previa e indispensable por la libertad, entonces, ¿de qué sirven el señor Rajoy y el PP?

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