En El País, discuten sobre si debe o no el Estado promocionar a Rodolfo Chiquilicuatre. Apasionante. Temazo liberal donde los haya. No sé a qué espera para terciar el señor Rajoy, que dice estar permanentemente pendiente de “los problemas que interesan a la gente“.
El actor, cantante, o lo que sea -Rodolfo, quiero decir-, ha impartido una clase magistral en el Instituto Cervantes de Belgrado, sobre etimología y semántica de la expresión “Perrea, perrea”. Significa “fiesta, fiesta” o “vaguea, vaguea”, según se diga en Punta Cana o Dos Hermanas, por poner sólo dos polos del “inabarcable orbe hispánico”, que diría el gran Ansón. Las alumnas serbias del Instituto Cervantes tomaron buena nota. Al salir, practicaban su pronunciación por los pasillos: “Perrea, perrea”.
Por lo demás, TVE se vuelca con el mozo, al que dedica programas especiales donde aparece hasta de visita en la Embajada. Dirán que nuestra Diplomacia no es seria. Pero es injusto, a la par que anti-patriótico. Ahí están el señor Moratinos hablando en lingala y Diego López Garrido como alto representante ante la UE, para desmentirlo.
Para el profesor Alfonso Sánchez-Tabernero, de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, la tele pública no está para esto. Su misión es “configurar un estándar que influya en las demás ofertas del mercado”. En España, la cosa es al revés del pepino. Es la tele-basura la que marca el estándar de calidad del canal público.
Y si hace lo mismo que las teles privadas, ¿por qué no la privatizan? Muy sencillo, porque su verdadera misión no es la difusión de la cultura, como dicen los políticos, sino la difusión de la propaganda, como demuestran los hechos. Y ningún Gobierno va a soltar ese poderoso resorte.
Vicente Verdú, sociólogo de la espuma de los días, dice en su periódico de toda la vida que somos unos hipócritas por censurar la donación de fondos públicos al circo popular, mientras callamos ante las ingentes subvenciones a una cultura elitista que no le interesa ni al Tato. Lo coherente, en Democracia, es pagarle al pueblo lo que el pueblo quiere ver y oír para su educación y descanso.
No te digo que no, Vicente. A mí tampoco me gusta contribuir forzado al arte y ensayo de Julio Medem sobre ETA. Ayudar a pagar el lirismo bajo en calorías a Isabel Croixet sin poder desmarcar esa casilla en mi declaración del IRPF me pone negro cada año por estas fechas, lo confieso. Lo que no comprendo es por qué el Estado tiene que dictar también el canon cultural, sea exquisito o friki. ¿Es que no tiene bastante trabajo ya con nuestras vidas?
Por su parte, la directora de Programas de TVE, Eva Cebrián, se lava las manos y dice que el canal se ha limitado a satisfacer el deseo de una audiencia que ha elegido democráticamente a Rodolfo Chiquilicuatre. Dice la joven y brillante profesional, hija de Juan Luis Cebrián, que la canción fue elegida mediante “televoto, mensaje SMS y a través de MySpace”. Giovanni Sartori lo vio venir en Homo Videns. Pero algo no encaja. Si el pueblo dirige la Programación mediante el nuevo tele-sufragio universal, ¿para qué se necesita una directora de Programas en Televisión Española?
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